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VANGUARDIA.

Innovación
2018-12-13

Nuevos materiales degradables

El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA), viene estudiando desde hace años los resultados del uso de nuevos materiales degradables de acolchado de cultivos, teniendo en cuenta su menor impacto ambiental.

Según el director del IMIDA, Vicente José Pascual, la pujanza del sector hortícola regional se debe en gran parte a estos sistemas de protección de cultivos, “que aprovechan las excelentes condiciones climáticas de la Región para inducir niveles térmicos adecuados para el crecimiento de las plantas, conseguir mayor precocidad en las cosechas y beneficios añadidos como la acción herbicida, que evita la utilización de productos químicos específicos“.

Asimismo, destacó otros beneficios como “la reducción de la evapotranspiración del suelo, que disminuye la cantidad de agua de riego necesaria para el cultivo, y el incremento de la calidad de la producción, con productos más limpios“.

Especies como lechugas, bróculi, coliflor y todo tipo de coles, que, con la sola aplicación de las técnicas de acolchado, obtienen las ventajas antes enumeradas; y otras, como la sandía y el melón, a las que este apoyo térmico les induce, además, la precocidad buscada.

Los cultivos acolchados ocupan ya una superficie de 9.670 hectáreas. La expansión de esta técnica de cultivo se debe a un material plástico: el polietileno de baja densidad, cuyo uso se inició hace unos 30 años. Sin embargo, la acumulación de residuos plásticos no degradables procedentes del acolchado en el suelo, cuando no se retiran, pueden perjudicar el crecimiento de las plantas y contaminarlo físicamente.

Las porciones plásticas que salen al exterior al labrar la tierra son arrastradas por el viento y causan la contaminación paisajística de otros ecosistemas.

Soluciones

Como alternativa a los acolchados de polietileno han surgido otros materiales de gran interés agronómico y ambiental: los biodegradables y oxobiodegradables.

El IMIDA estudia desde hace varios años la adaptación de estos nuevos materiales a la práctica agrícola, en colaboración con empresas europeas. Según la investigadora principal de este proyecto, Josefa López-Marín, los materiales biodegradables comienzan a degradarse en las etapas finales del cultivo, con lo que la competencia con las malas hierbas no es un problema determinante. Añadió asimismo que los efectos positivos del acolchado, como la conservación de la humedad del suelo, se mantienen, así como la protección de la calidad de las hortalizas cosechadas.

En el estudio de los materiales oxobiodegradables, sin embargo, se han encontrado irregularidades importantes, que, según López-Marín, cuestionan por ahora su clasificación como materiales totalmente degradables, ya que no cumplen la norma de una biodegradabilidad estricta e integral.

Los resultados señalados han sido obtenidos en una serie de cultivos experimentales y comerciales, en comarcas como el Campo de Cartagena y el valle alto y medio del Guadalentín. Josefa López-Marín concluyó que es justo apoyar la introducción de los materiales biodegradables en el mercado, con ayudas económicas.

Asimismo, considera necesario potenciar la investigación en los materiales oxobiodegradables, de menor coste de fabricación que los ‘bios’, hasta lograr que se produzca su descomposición total en el terreno.

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